Llevaba varios meses trabajando demasiado.

Repites esta frase una y otra vez. No sabes cómo ni porqué, pero crees que guarda alguna relación con el hecho de que hayas vuelto a consumir después de años.

Lo haces entre lágrimas, el día después, completamente abatido, y con nudo en la garganta que no para de apretar la culpa y el arrepentimiento.

Vuelves a tener miedo, a sentirte débil, y piensas una y otra vez en lo que puedes perder si retomas el camino del consumo.

Parecía un miércoles cualquiera y todavía no te explicas como pudo derivar en aquello.

Había sido un día duro, habías visto amanecer y anochecer en la oficina, y estabas agotado cuando recibiste la llamada de aquel viejo amigo que estaba en un bar cercano.

– Bueno, no me vendrá mal distraerme un rato.

Terminar consumiendo después de entrar en aquel bar te parece ahora bastante lógico.

– ¿Cómo no me di cuenta en aquel momento?

En realidad, empiezas a atar cabos y ves que aquello ha sido bastante progresivo. Llevabas meses sin ir a terapias (no tenías tiempo) y se te habían olvidado la mayoría de los hábitos que habías aprendido en ellas (tenías cosas “más importantes” en la cabeza”).

Esta es la historia de una recaída cualquiera.

La historia de cómo una persona que llevaba meses o años sin probar una sustancia que tanto sufrimiento le causó en el pasado, vuelve a “morder la maldita manzana” y desencadena un torbellino de sentimientos destructivos, que en el peor de los casos puede suponer la vuelta al consumo regular.

La recaída

Se trata de EL MIEDO del adicto en tratamiento, la palabra que corta la respiración y activa todas las alarmas.

No es extraño que así sea, ya que da mucho vértigo pensar que una simple acción, en pocos segundo, puede tirar por la borda el duro trabajo hecho durante meses o años.

Este amenazante miedo es el que tienes que aprender a gobernar, asumiendo una verdad contra la que puede que luches al principio, pero a la que tendrás que rendirte en algún momento para empezar a construir sobre ella:

Las claves básicas

Existen ciertas claves básicas en la prevención de las recaídas

– El primer año es crítico
– Establécete una rutina
– Programa actividades tu medida
– Diferencia actividades terapéuticas de no terapéuticas
– Déjate ayudar por un profesional

Estas claves cobran especial relevancia en los primeros momentos del tratamiento, cuando comienzas a aprender y crear las rutinas que te ayuden a cambiar tus hábitos.

Recaer después de un tiempo sin consumir

Sin embargo, asumiendo que el riesgo de recaída siempre existe, la recaída después de meses o años sin consumir ocurre más de lo que puedes pensar a priori.

Todo comienza, como en el caso de inicio de este artículo, cuando llevas un tiempo de recuperación y retomas actividades de tu vida. Si estás en tratamiento, asistes a menos terapias de grupo y espacias las visitas con tu terapeuta.

La evolución desde ese punto hasta el momento en el que vuelves a consumir depende de varios factores y circunstancias personales, pero la buena noticia (y verás más adelante porqué) es que en la mayoría de los casos existe un denominador común.

Se trata de una verdad, una clave, llámalo secreto si quieres, que si entiendes al 100 %, puede llevarte a crear un sistema de alerta con el que te ahorres las más dolorosas recaídas.

El quid de la cuestión

La verdad de la que hablamos, se condensa en la siguiente frase:

Es así de simple, pero en ocasiones complicado de detectar por uno mismo.

Quizás pensabas que recaer era beberte esa cerveza, meterte esa raya o fumarte aquel porro después de tanto tiempo. Sin embargo, la recaída comienza antes, con una serie de conductas que acaban derivando en el fatídico hecho.

Hay una buena noticia de nuevo, y es que esas conductas van dejando rastros, señales, que son verdaderas alarmas y que tienes que aprender a detectar.

Te imagino atando cabos, alzando la mirada de la pantalla y diciendo; ¡pues claro!, porque posiblemente recuerdas que la consciencia es la clave para que surja la voluntad de cambio en cualquier fase de tu adicción.

En resumen, la consciencia es esa herramienta que te permite percatarte de tus actos, cuando paras por un momento y recapacitas sobre cómo y porqué estás estás haciendo lo que estás haciendo.

Recapitulemos para ver cómo se completa la “fórmula matemática”:

Antes de recaer en el acto del consumo, recuperas ciertas viejas conductas dejan señales y alertan del riesgo inminente de recaída. Si consigues recapacitar y darte cuenta (ser consciente) de esas señales, puedes actuar en consecuencia para evitar la recaída final.

Las señales

Ahora que sabes lo que significan, es el momento de ver ejemplos de estas señales:

  • Volver a mentir
  • Saltarse las normas
  • Estar más apático sin tener ganas de hacer lo que toca
  • Dejar de cuidarse
  • Asumir el rol de salvador y ayudador constantemente
  • Relacionarse desde el victimismo o erotismo
  • Buscar tener siempre la razón
  • Malpensar
  • Desconfiar

Como siempre, estos son ejemplos que varían en función de los casos y las personas, pero seguro que entiendes de lo que estamos hablando, y las empiezas a percibir como lo que son, verdaderas señales de alarma.

¿Qué hacer al detectarlas?

Todo lo desarrollado hasta este punto tiene sentido si consigues cerrar el círculo en el momento adecuado. Es decir, si tomas acción en el momento preciso de detectar esas señales.

Debes pedir ayuda, así de simple.

Si percibes alguna de esas señales, es el momento de verbalizarla, de contactar con alguien, por ejemplo tu familia, los compañeros de terapia o tu propio terapeuta.

No negocies contigo mismo, no caigas en autoengaños, repitiendote; “si finalmente consumo llamaré a un profesional”, o “por consumir un poco no pasa nada porque ahora controlo”.

En serio, ahórrate volver al lugar que ya conoces y del que tanto te costó salir, ahórrate volver a perder lo que perdiste, ahórrate volver al miedo, la vergüenza y el arrepentimiento.

Tú más que nadie, sabes que otra vida es posible, limpio, sano y equilibrado.

Apuesta por esa vida.

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