Fotografía: Chocolat Show

¡Brindemos para celebrarlo!

Es la punta del iceberg de una costumbre cultural generalizada, y que se materializa en una ecuación igual de simple que peligrosa:

CELEBRACIÓN = CONSUMO DE ALCOHOL

La cuestión es:

¿Hasta dónde hemos permitido que llegue ese concepto en nuestra sociedad?

Parece que toca dar la respuesta más desalentadora. Hemos llegado demasiado lejos, incluyendo a los más débiles en la ecuación; los niños.

El alcoholismo es una enfermedad grave y biopsicosocial, es decir, con triple causalidad:

1- Biológica (genética, efecto subjetivo y adaptación cerebral al alcohol)

2- Psicológica (complejos procesos de personalidad)

3- Social

Centrémonos en este tercer punto.

Cuando hablamos del componente social del alcoholismo, nos referimos a los elementos del medio sociocultural que condicionan, mantienen o consolidan el consumo, y la codificación de su uso y conducta.

Incluyen desde los intereses comerciales y políticos locales o globales, hasta los círculos sociales y la familia.

Un ejemplo sencillo: si un niño ve a sus padres beber alcohol habitualmente, es más probable que él también adquiera ese hábito antes o después.

Alcohol + niños

Nos encontramos con una amplia oferta de la versión infantil de bebidas alcohólicas, creadas para el consumo de los niños, como cava, cerveza y vino. El ejemplo que lo ilustra es el de los “champanes infantiles”. Bebidas creadas para el consumo de los niños, cuya textura, color, embotellado e incluso nombre se parecen arriesgadamente al champán con alcohol, y que por supuesto, se venden en la sección de bebidas alcohólicas de los supermercados.

No es de extrañar, que si como padres consumimos alcohol de forma normalizada delante de nuestros hijos, decidamos comprar este tipo de bebidas en Navidad, o cuando tienen que celebrar su cumpleaños.

También suena bastante natural que ese niño que ha asociado la celebración con el “el champán infantil” cuando tenía 8 años, consuma la versión “auténtica” cuando celebre su cumpleaños número 16 con sus padres, y quizá unos años antes con sus amigos, y multiplique así las probabilidades de abusar del alcohol o convertirse en alcohólico en algún momento de su vida.

Recordemos que una de las causas del alcoholismo era su vertiente social:  factores socioculturales, económicos y políticos, círculos sociales y familia.

Pues bien, en este caso parece que todos se dan la mano para emitir un mismo mensaje.

¿Cuál es ese mensaje que la mente inocente e influenciable de un niño está recibiendo?  

  • Familiarízate con el producto
  • Imita a los mayores
  • No es perjudicial para la salud
  • Fiesta = consumo

Para cuando en la adolescencia quiera utilizar las palabras que familia, sociedad, y los anuncios de publicidad le dicen:  “bebe, pero con moderación”, quizás sea demasiado tarde, porque por la intencionadamente abstracta palabra “moderación”, un alcohólico entiende “bebe cualquier cantidad”, y nunca podrá controlar la cantidad que consume. Con esta palabra todos delegan la responsabilidad en la persona, cuando lo cierto es que todos somos responsables.

Estamos frivolizando al ofrecer a niños un producto que esconde más peligro de lo que su inocente etiqueta refleja. Si es así, no olvidemos que estamos frivolizando con la segunda droga que más personas mata en el mundo.   Aunque la realidad es que en nuestro país, al ser una droga legal, normalizada y presente en todas partes, todavía cuesta mucho verlo como una droga.