Silencio, disimulo, excusas, tópicos y evasivas, es aquello a lo que recurres cuando te preguntan por ese familiar, amigo o pareja, que sabes que se encuentra de cualquier forma menos de la que respondes:

Está bien, sin novedades.

No. No se encuentra bien en absoluto.

Es un adicto, y tiene problemas que no solo le afectan a él, sino a todos los que estáis a su alrededor.

Posiblemente acabas de discutir con esa persona por vigésima vez, estás desesperado y empiezas a creer que nada cambiará, te estás tragando las lágrimas y las ganas de hablar de lo impotente que te sientes.

Desde luego que te vendría bien tener una de esas conversaciones sanadoras con alguien, relajarte y hablar sin tapujos sobre cómo te sientes en ese momento y lo que tienes que soportar cada día. Llorar incluso, o abrazar a esa persona y sentir, por un momento, algo de alivio.

Pero no lo harás. La conversación terminará con silencios, disimulos, excusas, tópicos o evasivas.

El estigma social aún existe

¿Por qué?

Una parte de esa respuesta reside en tus características personales. En la autoestima, la forma de afrontar las adversidades y un extenso etcétera.

Sin embargo, el cinturón de lo que la sociedad considera como “normal” te apretará sin piedad en este caso.

Evitas hablar de “eso” que en realidad tanto impacto tiene en tu día a día, tanto te condiciona y posiblemente te hace sufrir, lo evitas por miedo a no formar parte de esa agobiante y posiblemente inexistente “normalidad”.

[Tweet «Convivir con un adicto, en ocasiones, supone añadir a tu vida un tabú»]

Un estigma es una desaprobación severa, y eso es lo que hacemos en la sociedad con las enfermedades mentales en general, y con las adicciones en concreto.

Escuchas y comprendes a un amigo que te dice:

Mi madre tiene un problema, le han diagnosticado un cáncer.

Una frase, una enfermedad, y un problema grave con el que empatizas casi automáticamente.

Esta fórmula podría aplicarse a otra frase que rara vez escucharás, a pesar de que forma parte de una realidad, frecuentemente oculta:

Mi madre tiene un problema, es adicta a la cocaína.

Información sobre lo que es una adicción

O la falta de ella.

Es la clave para entender porqué actuamos de esa forma a nivel social, porque etiquetamos automáticamente a un adicto como “un bala perdida” o un vicioso, y rara vez como lo que realmente es; un enfermo.

Esa misma información para entender que es una adicción, es la que te ayudará también a enfrentarte de una forma preparada a las situaciones que te tocarán vivir.

Quizás eres una madre y ves que tu hijo está derivando hacia la autodestrucción, dejando de estudiar, trabajar o cambiando de amistades, mientras que en medio de la desorientación te preguntas:

– ¿Que he hecho mal?
– ¿Que ha pasado? si he criado a todos mis hijos de la misma manera
– ¿Por qué le tiene que pasar esto a él?

O quizás te avergüenzas por estar con tu pareja, ya que de esa persona maravillosa de la que te enamoraste no queda absolutamente nada, y desde que esa sustancia controla su vida naufragas entre discusiones y malos tratos.

Informarte sobre lo que lo que es una adicción te ayudará a lidiar con todos estos sentimientos, incluido uno que antes o después aparecerá; la culpa.

La aceptación de que la adicción de un ser querido es una enfermedad, te llevará a no menospreciarte por la situación que vives, a dejar de avergonzarte, y encontrar progresivamente el valor para ir verbalizando en tu entorno tu problema.

Cuando lo hagas, posiblemente te des cuenta de que tu problema es más “normal” de lo que te piensas.

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